La experiencia de una familia con hijos de altas capacidades intelectuales es muy enriquecedora, agradecemos a la familia KZM por compartir su experiencia:

Aunque éramos padres primerizos, desde que era muy pequeño, nos dimos cuenta que todo iba demasiado rápido.

Las comparaciones son odiosas y aunque no nos gusta comparar, a veces es inevitable darte cuenta viendo niños/as de edad similar la gran diferencia que había en muchos aspectos.

Comienzan sus avances

Con solo 8 meses empezó a andar, aún casi no hablaba y ya mostraba interés por todo lo que le rodeaba. Con menos de tres años identificaba letras y números, al poco de aprenderlos en español los aprendió en inglés, incluso aprendió los números en más idiomas.

Iba por la calle leyendo carteles, preguntando ahí que pone, diciendo letras y números que veía en rótulos o matrículas, jugaba a buscarlas mientras íbamos caminando.

Recién cumplidos los tres empezó a mostrar interés por las tablas de multiplicar, no recuerdo como las descubrió pero las tomó como un juego más.

Todos decían, claro es que vosotros se lo enseñáis, pero no, hay cosas que por mucho que intentes enseñar a un niño si este no está preparado no lo aprende ni lo asimila. Incluso sus hermanos (los cuales aún no descartamos que también sean niños con altas capacidades y de hecho sospechamos que si… ), no han llegado nunca al mismo ritmo que él.

Era aún muy pequeño cuando de repente estaba jugando con los bloques de construcción, que le encantaban, se dedicó a separarlos por colores. Cosa que amigas con niños de la misma edad, e incluso una maestra de infantil, me dijo que los demás ni se acercaban a ello, que era aún muy pequeño para clasificar por colores (sin nadie que se lo dijese).

Otra anécdota, por llamarlo de algún modo, fue que un día cuando apenas sabía hablar me vino diciendo “mira mamá evé evé”. No lo entendíamos hasta que nos dimos cuenta que sobre la mesa tenía un puzzle hecho del revés. Un puzzle de unas 20 piezas, que hacía solo sin problemas, pero esta vez con la diferencia que lo había hecho boca abajo.

El momento de escolarizar

Cuando llegó el momento de escolarizarlo nos lo pensamos mucho, él decía que no quería ir al cole (le explicábamos como a un niño mayor que iba a jugar, a pintar y muchas cosas más), él decía que no quería.

Y como no era obligatorio, no dudamos en respetar su decisión, a pesar de tener tan solo dos años, ya que hasta diciembre no cumplía los tres. Tenía muy claro lo que quería y, sinceramente, hay cosas que no puede elegir pero también otras muchas que si, y bastantes obligaciones tenemos en la vida como para imponérselas desde tan pequeño.

No le gustaba pintar, dibujar ni colorear, no quería de ninguna manera. Pero tampoco lo obligábamos pues desarrollaba la motricidad fina de múltiples maneras, hacía puzzles, jugaba con piezas pequeñas, y un sin fin de actividades más. Desde un primer momento estuvimos viendo colegios, siempre con él acompañándonos, preguntábamos protocolos, funcionamiento…. Y el que nos gustó, casualmente no tenía problema de plazas libres así que fue un factor más entre otros para no escolarizar tan temprano.

Nuestro hijo presenta altas capacidades

Fue un día en una oficina de Correos cuando una profe de infantil mientras esperábamos la cola con nuestros juegos cotidianos nos dijo que no dudaba que era un niño con altas capacidades. Hasta ese momento jamás habíamos oído el término, sí el de superdotado pero eso nos sonaba tan lejano, cómo que solo existían en las películas…

Desde ese momento empecé a indagar y todo empezaba a encajar, contacté con alguna asociación pero hasta los seis años en ningún sitio lo aceptaban. Yo solo quería que fuese con niños igual que él. Ya que en parques y demás, siempre buscaba a los más mayores, con los que encajaba a la perfección.

Cuando decía que con tres años jugaba al parchís respetando las reglas o que ya sabía jugar al ajedrez, básicamente el movimiento de piezas sin tener demasiado en cuenta la estrategia. O mil cosas más del día a día, no dudaban en que era bastante probable pero aún así, no podía encajar en ningún grupo porque no existían de su edad.

Comienza en el colegio

Fue con apenas cuatro años, cuando él mismo pidió ir al cole. Pero que no quería dibujar, insistía en eso. Volvimos a visitar colegios pero esta vez ya un poco más directos. Fuimos al más cercano y al que más nos había gustado, en el primero no salió muy convencido y nosotros, la verdad, es que tampoco, pero en el segundo fue amor a primera vista.

Él me pidió quedarse, se quedó ese día un rato y sin problemas. Me pidió ir todos los días pero tuvo que esperar a que el papeleo estuviese listo y, una vez lo estuvo a pesar de que en el colegio me ofrecieron periodo de adaptación, no fue necesario.

Sus habilidades

El primer día, le comenté a su tutora más o menos nuestras intuiciones, sabía leer desde los tres años, sus habilidades matemáticas, su alta sensibilidad, incluso que no le gustaba dibujar o colorear pero si le motivaban las letras o los números. A lo que ella me respondió, que no importaba que con que manejase el lápiz y practicase la motricidad fina que más da de qué forma lo haga.

Además, el cole trabajaba por proyectos, por lo que era un punto a su favor a la hora de trabajar. Ya que les da mucha libertad de ampliar a necesidad de cada niño. Y era comunidad de aprendizaje, lo que nos permitía a las familias involucrarnos más de lo normal y participar de forma muy activa con los niños y niñas.

Las adaptaciones

En el curso de cinco años, a pesar de no estar identificado aún como altas capacidades, su tutora ya le ampliaba contenidos, cómo hacía el curso anterior desde un primer momento. En coordinación con la tutora de primero le daban materias de ese curso.

Sobre todo de matemáticas, que siempre fue su fuerte. Pero también leía libremente o le ayudaba a la seño a decirle a los compis que ponía en tal sitio. En este curso ya había otra compañera que también leía y no se veía tan diferente.

Primeros pasos oficiales

Fue ya en primero cuando pudimos dar pasos oficiales. Seguíamos informándonos y dándole en casa todo lo que requería y estaba a nuestro alcance pero no queríamos que se quedase ahí. En el colegio se inició de forma oficial su evaluación, realmente ya el orientador lo veía en infantil pero no fue hasta mediados de primer curso de primaria cuando esta se finalizó y asimismo se formalizó.

El resultado fue una sobredotación, los percentiles sobresalían en casi todas las áreas. Nos daban la opción de flexibilizar el curso; pero nos propusieron que, como esta opción se puede hacer una sola vez en primaria, y el niño, estaba perfectamente integrado en su grupo y con su tutora, dejar esta opción quizás para más adelante. Tomando en principio, medidas en el aula adaptando el currículo a sus necesidades y personalizando también su tutora cada una de las asignaturas.

A fecha de hoy, con 9 años su fuerte siguen siendo las matemáticas y todo lo que hay a su alrededor… le encanta indagar y aprender cosas nuevas. Otro de sus puntos fuertes son las nuevas tecnologías y ahora está súper motivado con programación y robótica.

De forma simultánea contactamos con asociaciones como hasta el momento, con la diferencia que ya por edad podía acceder a ellas.

Comenzamos a buscar especialización

Contactamos también con una empresa especializada en enriquecimiento para niños con altas capacidades (y alto rendimiento), hasta ese momento no había en la ciudad nada similar (para las diversas asociaciones teníamos que movernos a otros municipios de la provincia). Así que fuimos a la reunión inicial y la verdad es que nos pareció interesante su oferta y acorde a sus necesidades.

Hablo de Talentum, con la que seguimos en la actualidad, porque él va súper contento y motivado, incluso en algunas actividades fuera de curso podemos acompañarle el resto de la familia (Scape room, excursiones o visitas… ). De hecho, este curso empezó también su hermano con los más peques.

A raíz de la nueva situación y desde el confinamiento se adaptaron perfectamente a la situación. Sin perder en ningún momento, el ritmo de trabajo, ofreciendo alternativas a distancia pero igualmente motivadoras para los alumnos.

Es un niño con una madurez muy por encima a su edad física y con unas emociones muy intensas, lo que a veces le hace pasarlo mal por no poder controlar emociones como la frustración a pesar de que otras situaciones las controla mejor que muchos adultos.

Las injusticias le superan y todo debe ser argumentado, a él no le vale un “porque sí”. Sino que necesita una explicación de todo lo que sucede. Respecto a las normas están para cumplirlas, no puede entender cuando alguien hace lo contrario. Igual que en los juegos no acepta las trampas. Todo esto va unido a la “literalidad”, ya que se lo toma al pie de la letra sin opción a modificaciones sin justificar.

Familia KZM

Una vez hemos visto la experiencia de una familia con hijos de altas capacidades intelectuales. Desde Programa Talentum Altas Capacidades, ofrecemos un programa de enriquecimiento en el que los niños/as aprenden a la vez que se divierten. También puedes ver más videos de nuestra empresa en nuestro canal de Youtube.