Talentum entrevista al Catedrático y experto Javier Tourón: “Creo que su programa va en esta dirección, por lo que lo aplaudo”

Por ello, todas las iniciativas que se centran en ampliar el horizonte intelectual de los alumnos permitiéndoles vivir con ilusión la aventura del descubrimiento, el aprendizaje, la creatividad, el asomarse a otros mundos que están más allá del libro de texto, es importantísimo. Creo que su programa talentum va en esta dirección, por lo que lo aplaudo.

Javier Tourón es Vicerrector de Innovación y Desarrollo Educativo en la Universidad Internacional de La Rioja; catedrático de Métodos de Investigación y Diagnóstico en Educación, así como Doctor en Ciencias Biológicas y en Ciencias de la Educación. Durante los últimos 30 años, uno de los campos principales a los que ha dedicado su estudio y su investigación es el de las altas capacidades y el desarrollo del talento. Hablamos con él sobre cómo abordar la gran problemática del bajo porcentaje de identificados, su paso por la escuela, pautas sobre cómo enriquece a este colectivo en el aula, la importancia de los programas de enriquecimientos extracurriculares y si un informe privado tiene validez en los centros escolares.

1. ¿Cómo abordar el problema sobre el bajo porcentaje de identificados?

Las cifras más recientes señalan (según el Ministerio de Educación) que están identificados poco más de 35 mil estudiantes con altas capacidades, sobre una población aproximada de poco más de 8 millones. Aunque no me extenderé en esto, sería fácil justificar que en torno al 15% de la población necesita apoyo educativo específico. Esto supone 1,2 millones de alumnos, lo que da idea de la magnitud del problema.

Veamos el problema desde otro ángulo, y supongamos por un momento -por aceptar el sinsentido en el que se obstina la administración de tomar como referencia el CI 130, cosa que ningún científico serio en este campo acepta- que este enfoque fuera válido. Esto supondría que, al menos el 2,28% de la población debería estar identificada con arreglo a ese criterio. Es decir, el 2,28% de 8 millones aproximadamente serían más de 180 mil alumnos, lo que sigue estando a años luz de los 35 mil señalados antes.

Pero es que además la cuestión se complica porque hay muchos alumnos que, sin tener un CI elevado, pueden tener una capacidad productivo-creativa grande, una motivación y compromiso con la tarea elevado, etc., de manera que, si a esto añadimos lo que Renzulli llama las inteligencias fuera de la curva normal, el problema no deja de agigantarse.

Por otra parte, ¿no es evidente que hay unas diferencias entre CC.AA. que no se pueden explicar fácilmente? ¿Cómo es posible que en Andalucía haya casi 14 mil identificados (no entro en los modos de hacerlo) y en Castilla León menos de 900?

Cuando se establecen protocolos de identificación, aunque sean muchas veces de dudoso valor científico, los alumnos aparecen…

Esta es la situación, pero la pregunta señalaba cómo abordarlo. Es relativamente simple. Primero, con una voluntad decidida de hacerlo.

¿Cuántos profesores o centros educativos tiene elaborado un perfil de las capacidades, motivación, intereses, preferencias de aprendizaje, modos de expresión de lo sabido, etc. de cada alumno? Sospecho cuál es la respuesta.

Pero ¿cómo podemos educar a los alumnos, fomentar su aprendizaje y desarrollo personal sin conocer estos extremos?

Es posible si hacemos con todos lo mismo, que es exactamente lo que no hay que hacer. Si no adaptamos los itinerarios de aprendizaje a las necesidades específicas de CADA alumno, ¿qué educación estamos promoviendo?

Segundo, aplicando procedimientos sistemáticos y proactivos que impliquen a todo el alumnado, porque de todos necesitamos tener esta información. En este proceso emergerán estudiantes con más y menos capacidades y, desde luego, con intereses diversos que habrá que atender.

Ya se ve que detrás de este enfoque está una concepción del aprendizaje personalizado sobre el que he escrito bastante en mi blog.

Existen instrumentos y procedimientos perfectamente validados que están al alcance de todos los centros educativos y sus orientadores conocen bien (p. e. baterías de aptitudes diferenciales, cuestionarios como los de Rogers que yo adapté en su día y están disponibles gratuitamente online, etc.).

Aquí solo un par de recomendaciones (quizá tres): 1) utilizar instrumentos técnicamente adecuados y bien validados; 2) evitar los puntos de corte rígidos y las puntuaciones globales como el CI y 3) establecer un perfil aptitudinal de los estudiantes, sabiendo que será preciso repetir el proceso cada 2-3 años.

Es posible, en suma, basta querer acerarse de verdad a las necesidades de los alumnos.

2. ¿Cómo era Javier Tourón en el colegio?

Estudié, al principio, en una escuela unitaria, que cada vez recuerdo con más interés, al ver la obsesión actual por los currículos cerrados, las aulas ligadas a la edad y los libros de texto, por mencionar unos pocos elementos que deberían pasar a la historia de la pedagogía.

Era una persona de inteligencia modesta, como la mayoría, pero con un cierto sentido de la responsabilidad, que pronto se dio cuenta de que el aprendizaje y el crecimiento propio es una conquista personal. Así que, o te empeñas por salir adelante con tu trabajo o no sales. No teníamos medios ni recursos más allá de las pizarras de este material, los mapas de hule colgados de las paredes y, claro, la enciclopedia Álvarez.

Teníamos pocos recursos materiales y, desde luego, lo sabido estaba en los libros, no existía la red ni el acceso a la información a golpe de clic, pero teníamos un profesor que sabía lo que necesitábamos cada uno y nos ayudaba de acuerdo con ello. Y, por si alguno se lo pregunta, éramos unos 40-50 en aquella gran clase. Quizá esto le recuerde a alguien lo de one-room schoolhouse.

Había tecnología educativa, aunque la tecnología digital no se había inventado todavía. ¡Qué claro se ve que lo primero es lo sustantivo y lo segundo lo adjetivo!

3. ¿Cómo enriquecer a un alumno en el aula?

Lo primero es, al hilo de lo que acabo de señalar antes, identificar el perfil de necesidades del alumno, adecuar el nivel de reto, la profundidad y la amplitud a su potencial. Sin esto es imposible, porque estaremos dando palos de ciego. No es mi enfoque el dar a unos para quitar a otros. Muy al contrario, se trata de dar a cada uno lo que necesita, personalizando el aprendizaje y el desarrollo personales.

Ahora mismo, precisamente, estamos adaptando a nuestra lengua la plataforma Renzulli Learning que es un gigantesco sistema de diferenciación y personalización que parte del establecimiento del perfil de cada alumno y, a partir del mismo, le sugiere recursos que se adaptan a sus intereses y preferencias, dentro de una base de más de 50 mil recursos en inglés y unos 2 mil en castellano que irán creciendo.

Con ello el alumno puede enriquecer su currículo y ampliar sus intereses o cultivar a fondo los que ya tiene. Unos con más profundidad, otros con menos, pero todos buscando el óptimo.

El uso de herramientas tecnológicas de este tipo permite al profesor tener “varios ayudantes” en su clase y llegar eficazmente a todos los alumnos. Facilitar que estos vayan más allá del currículo cerrado, al que me refería, es esencial. La educación debe permitir el desarrollo de auténticas capacidades y habilidades adecuadas a los tiempos que vivimos, y esto no se logra solo aprendiendo lecciones (aunque haya que hacerlo). Esperamos poder ofrecer este recurso muy pronto, estamos trabajando en ello con intensidad, pero es una tarea costosa.

En una era digital, donde sí se puede acceder a cantidades ingentes de información y donde es posible permitir a los alumnos trabajar en proyectos personales o en pequeños grupos, seguir planteando la enseñanza como una realidad confinada en lo analógico, es darle la espalda a la realidad.

4. La importancia de los programas de enriquecimiento extracurriculares, ¿Qué le parece el Programa Talentum?  

A principios de los años 2000 puse en marcha CTY, una iniciativa de desarrollo del talento afiliada a uno de los Centros más importantes del mundo dedicados a la atención y desarrollo de los estudiantes más capaces. Una actividad que se basa en un modelo de identificación y atención educativa que explico en mi blog también bajo el término CTY o SMPY. Llegamos muy pronto creemos, y nuestra actividad llegó hasta el 2011 aproximadamente.

Digo esto, porque estoy convencido de que la repuesta a los alumnos con más capacidad requiere ir más allá de la Escuela. Profundidad, reto, amplitud, velocidad, son características que no siempre la Escuela puede satisfacer, ni por tiempo ni por capacidad o recursos.

Por ello, todas las iniciativas que se centran en ampliar el horizonte intelectual de los alumnos permitiéndoles vivir con ilusión la aventura del descubrimiento, el aprendizaje, la creatividad, el asomarse a otros mundos que están más allá del libro de texto, es importantísimo. Creo que su programa va en esta dirección por lo que lo aplaudo.

Pero quiero señalar que el que existan programas extraescolares, necesarios y encomiables, no debe llevar a la escuela a “lavarse las manos”. Es preciso que ésta se implique en serio optimizando el tiempo de los alumnos, que no son de alta capacidad solo cuando están en un programa extraescolar, sino las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana.

5. Un informe privado, ¿tienen validez en los centros escolares?

Si está realizado por una persona competente y con las cualificaciones adecuadas así debería ser.

Es como preguntar si uno solo está afectado de un virus gripal cuando se lo indica un facultativo en la Seguridad Social, pero no en su hospital que no pertenezca a la administración pública, por ejemplo.

Dicho esto, es preciso realizar una labor de formación muy intensa, pues muchos “profesionales” están mal formados y sus concepciones están ancladas en tantos prejuicios y tópicos sobre los que he escrito en muchas ocasiones.

Esto es lo que me llevó a poner en marcha el Experto Universitario en Altas capacidades y desarrollo del talento en UNIR.